Publicado el 18. mayo 2016 In Obras de la misericordia, Proyectos

Un sueño cumplido: se bendijo la casa de mi amigo Ángel en Luque – y estuve presente

PARAGUAY, por Maria Fischer •

“Bendice, Señor, esta casa y llénala de tus bienes terrenales. Guarda a tus siervos de toda circunstancia adversa…” Tantas veces escuché esto en la bendición de casas de familiares y amigos. Nunca me llegó tan hondo como en esta mañana soleada del 5 de mayo, en la periferia de Luque, en la bendición de la humilde casa de mi amigo Ángel (nombre cambiado), de 18 años, una casa de una sola pieza y una pequeña cocina para esta familia de cuatro personas que, en situaciones más que adversas, luchan para seguir adelante.

La casa es el lugar en que históricamente se han desarrollado las actividades y relaciones específicas de la vida social o familiar, desde el nacimiento hasta la muerte de muchos de sus miembros. Sirve de refugio contra la lluvia, el viento y demás agentes meteorológicos, y protege de posibles intrusos (humanos o animales). Además es el lugar donde almacenar los enseres y las propiedades de sus habitantes, nos dice Wikipedia. Esta casa es mucho más. Es fruto de un trabajo arduo de todo un año de compromiso, de entrega, de sueños para una vida digna. Es promesa de una vida renovada. El año pasado pude ver los primeros ladrillos, en esta visita, el Santuario Hogar más humilde y más hermoso que vi en toda mi vida. Un Santuario Hogar hecho con una calcomanía de la Virgen de Tupãrenda que el Padre Pedro regalaba a los jóvenes en la cárcel de menores de Itauguá y que Ángel llevaba a la choza de chapa, palos y plástico donde vive su familia y donde pasaba su prisión domiciliaria.

Recuerdo esta visita junto al Padre Pedro, cuando Ángel nos contó toda su historia de vida, lo que lo llevó a la cárcel de menores, y cómo esta confesión bendecida le cambió el rumbo de su vida, cómo ahora anhela poder volver a ir a la escuela, poder volver a ser monaguillo en la Misa de Jóvenes en Tupãrenda, poder construir una casa más digna y poder seguir adelante para, algún día, formar una familia sin el peligro de que sus hijos terminen en la misma situación adversa que lo llevó a robar para sobrevivir en la calle…

Cumplí con mi promesa y recé por Ángel y sus sueños, recé por un amigo…

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De todas las semanas del año, justo esta primera semana de mayo, esta semana de mi visita a Paraguay

Y ahora estoy en Tupãrenda en un encuentro con la Rama de Hombres y el Padre Pedro Kühlcke entra para avisarme la fecha de la visita a la cárcel de menores y agrega: “El jueves tenemos que bendecir una casa. La casa de tu amigo Ángel”. Justo el domingo anterior, Ángel estuvo en la Misa en Tupãrenda (gracias, mi Dios, puede volver a ser monaguillo aunque aún no esté en libertad) y le pidió al Pai Pedro que fuera a bendecir su casa. “Y le prometió llevar también a su amiga Maria de Alemania.” Es increíble. De todas las semanas de este año 2016, la bendición de la casa cae justamente en esta semana de mi visita al Paraguay… Gracias, mi Dios, cumpliste con un sueño mío que ni siquiera te pedí…

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Es la casa de la Mater

En vísperas de la visita, el P. Pedro me pide que yo lleve un cuadro de la Mater para la bendición de la casa. Con Susana S., que me llevará al punto de encuentro con el Padre Pedro para ir a la casa de Ángel, buscamos un cuadro en la santería del Santuario Joven y elegimos también un pequeño símbolo del Espíritu Santo – y en mi bolso hay también una caja con chocolates exquisitos llevados de Alemania, “chocolates de fiesta”, pienso.

Es un abrazo que parece no terminar… El reencuentro con Ángel, después de un año y un mes, es una fiesta, el tiempo transcurrido entre la charla con tereré el año pasado y este momento, desaparece.

Si solo podemos salvar a un joven con todo lo que hacemos a través de la pastoral carcelaria, ya vale. Recuerdo esta frase compartida entre los comprometidos con la pastoral carcelaria del P. Pedro y la Casa Madre de Tupãrenda, que ya tiene techo, y desde junio puede acoger a 20 jóvenes egresados de la cárcel de menores. Los ojos de Ángel brillan de alegría, su cara radiante parece decirnos: lo lograremos.

Entregamos el cuadro de la Mater, y no sé si brilla más la cara de la madre de Ángel o la de él… Buscamos entre todos el lugar, y además de la bendición de la casa se bendice el cuadro y contamos con un Santuario Hogar más, un Santuario Hogar de Esperanza y Solidaridad y Amistad real con los pobres.

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Es la casa de un amigo

Celebramos la fiesta visitando la nueva casa y la choza sencilla, donde preparan tereré, sándwiches, gaseosas y pizza para todos. Compartimos la mesa entre familia, entre amigos, charlamos… Ángel con alegría comparte que desde julio puede seguir con sus estudios. Al fin. Tiene tantas ganas de seguir adelante – y tiene la capacidad de ser un gran empresario, le digo.

Ayuda al Padre Pedro a encontrar la casa de otro joven en prisión domiciliaria, y el P. Pedro le promete buscar clavos especiales para que la chapa de su vivienda sencilla no sea llevada por el viento y la lluvia.

Hablamos de la Misa para los Jóvenes el próximo domingo en Tupãrenda e invitamos a Ángel a participar. Con alegría acepta.

Salimos con el sentimiento de salir de la casa de un amigo, y esta vez prometo a Ángel no solo mi oración, sino mi visita el año que viene.

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El guardián de la casa de la Mater

Nos despedimos, aunque no por todo un año, pues volveremos a vernos el domingo siguiente. Este domingo es un día de mucha lluvia… y mi último día en Tupãrenda. Antes de la Misa de las 11.00 espero… y espero… Ángel no llega. Hay que ser realista… El camino es largo y hay mucha lluvia.

Diez minutos después del inicio de la Misa aparece Ángel, lengua afuera y sin respiro. “Tuve que tomar cuatro micros para llegar y uno no apareció, tuve que caminar… y ahora ya no puedo estar en el altar, vestido todo de blanco…” No se anima a ir a la sacristía para unirse aun así a la celebración. Rezamos, cantamos juntos, y después de la Misa esperamos juntos al Padre Pedro.

Hablan los dos. ¡Qué obra bendecida la del Padre Pedro!

Es en el momento de la despedida que nos enteramos que Ángel debe estar pronto en la comisaría para hacer la limpieza, parte de sus condiciones en libertad condicional. El Padre Pedro pide a Bernardino Portillo, a cargo de los guardianes del Santuario y mi “taxista” hacia Asunción, si puede hacer el desvío por Luque y llevar a nuestro amigo hasta la parada del último micro para llegar a tiempo.

Bernardino acepta y, en el viaje a Luque, Ángel y Bernardino hablan sin parar de su gran amor compartido: ¡Tupãrenda!  Bernardino invita a Ángel a ser guardián del Santuario y a acercar a otros de sus amigos a esta noble tarea… y en uno más de estos vínculos solidarios, el joven preso que ofreció la casa de su vida y la casa de su familia a la Mater, se convierte en guardián de la Casa de la Mater.

Gracias, Bernardino, gracias, Ángel, gracias Mater… Seguimos.

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IBAN DE91 4006 0265 0003 1616 26
BIC/SWIFT GENODEM1DKM
Uso previsto: P. Pedro Kühlcke – Pastoral Carcelaria

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Fotos: Susana Stanley, Maria Fischer

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