Publicado el 16. Junio 2017 In Misiones

Veinte años de las Misiones Familiares Schoenstattianas en Paraguay

PARAGUAY, Silvia Máas. •

Las Misiones Familiares Schoenstattianas surgen a partir de una Jornada de Arranque de Federación de Matrimonios en Tupãrenda en el año 1997, en la que un grupo de Comunidad Oficial recibe la misión de averiguar sobre las Misiones Familiares Católicas, que se llevaban a cabo hacía muchos años en Chile, con el acompañamiento del Padre Hernán Alessandri, su fundador.

Aprendiendo en Chile

Nuestra familia viajó en el mes de marzo del mismo año a Chile, para interiorizarse sobre la metodología utilizada y, si era factible, con la ayuda de la Mater, iniciar un grupo que pudiera misionar en familia en Paraguay. Los matrimonios misioneros de la Federación de Schoenstatt en Chile que conocíamos en ese momento, no podían compartir con nosotros porque estaban en el Capítulo, pero nos sugirieron hablar con sus hijos, jóvenes que ya habían misionado durante muchos años.

Y realmente fuimos muy bendecidos. El grupo de jóvenes chilenos nos recibió muy amablemente. Conversando con ellos, nos contaron cómo nacieron las Misiones Familiares Católicas (MFC) y cómo se realizaban las distintas actividades propias de la misión. Lo preocupante para ellos era la fecha que habíamos elegido para iniciar la primera misión: el mes de julio de ese mismo año. Les pareció muy poco tiempo para que nos organizáramos. Julio resultaba un mes especial, por tres razones: la temperatura era ideal pues no haría tanto calor ni habría tantos mosquitos; era tiempo de vacaciones de invierno y los jóvenes podrían asistir sin faltar a clases, y por último, la escuela del pueblo donde nos alojaríamos estaría disponible para convertirse en nuestro hogar.

Los jóvenes chilenos pronto se entusiasmaron con la idea y, demostrando gran generosidad, decidieron venir a ayudarnos. Esto dio impulso para que, más adelante, jóvenes del Paraguay también fueran a otros países a fundar y misionar.

Cuando regresamos había mucho que organizar: informar al Consejo del resultado de la visita,  buscar matrimonios que quisieran lanzarse a esta maravillosa aventura de llevar a Cristo y a María a todos los rincones de la Patria, hablar con el Obispo, visitar el pueblo elegido, y entusiasmar a un grupo de jóvenes que no sabían nada al respecto de las MFC (Misiones Familiares Católicas).

Santiago de Misiones – en las huellas de los jeusitas

De la mano de María, todas las puertas empezaron a abrirse. En el primer retiro de Federación de ese mismo año, se invitó a todos los participantes a formar parte de esta experiencia, que luego tendría una repercusión Nacional.

Monseñor Claudio Giménez, Obispo de Caacupé, nos dio la oportunidad de elegir entre los pueblos fundados por los jesuitas. Luego de mucha oración, el Espíritu Santo eligió al pueblo de Santiago de Misiones como el lugar donde se daría esta experiencia de familia.

A partir de una comunidad que buscaba formas de llevar la fe y el Evangelio a la vida, especialmente en su aspecto familiar, nacen las primeras Misiones Familiares Schoenstattianas en Paraguay, con las siguientes familias fundadoras:

  • Gerardo Delfino, Josefina Pfanell, con dos hijos Gerardito y María José,
  • Guillermo Leoz y Marité Callizo, con sus hijos, Mauricio , María Eugenia, Guillermo, Sebastián e Ignacio,
  • Arturo Diez Pérez y María Elsa Gómez, con sus hijos Arturito, Lucia y Pacita ,
  • Babio Sallustro e Ivonne Callizo, con sus hijos Valentina, Laura, Alejandro Octavio  y Juan Pablo y
  • Carlos Raúl Ayala y Silvia Máas, con sus hijos Carolina, María Silvia, María Belén, Carlitos e Ignacio

Nos acompañaron el Padre Ludovico Tedeschi y el entonces seminarista Cruz Viale. El Padre oficiaba la misa todos los días en la capilla de la misión antes de salir a misionar. También confesaba a los jóvenes, llevaba la eucaristía a los enfermos, y participaba en las reuniones que se realizaban a la noche. En éstas, se evaluaba el día y se preparaba el día siguiente.

Se formó un grupo tan hermoso que todos nos sentíamos como una gran familia. De igual manera, hubo un reencuentro más profundo en cada familia, de hijos con padres y también en el matrimonio. Se generó una comunidad muy especial entre los matrimonios y los jóvenes que fueron a misionar juntos. Una especial cercanía que aún se mantiene en el tiempo. Se vivieron momentos en los que, sin duda, hubo un gran regalo del Espíritu Santo. La misión fue una experiencia de fe, de la realidad nacional y de Dios, de su fuerza y de su amor. Experiencia que estuvo sellada por el carácter familiar. ¡Cuánto hemos aprendido a confiar en el Señor y cuánto nos volvió  a sorprender cada año! Esta experiencia se vivió y se contagió, ya que más adelante las Misiones Familiares crecieron.

Veinte años de la primera misión

Las familias que participamos, los jóvenes que se inscribieron como hijos adoptivos y los sacerdotes que nos acompañaron, tenemos la bendición de celebrar este año 2017, 20 años de la primera Misión, completándose la fundación de 10 Misiones en el Paraguay. Tanto misioneros, jóvenes y niños de esa primera Misión, siguen misionando hoy con sus propias familias, hijos y hasta nietos.

Los primeros jefes juveniles fueron Víctor Brusquetti y María Silvia Ayala. Los encargados de Liturgia fueron Josefina Pfannel y Carolina Ayala. La coordinadora del Matinée fue María Silvia Ayala y un grupo de 9 misioneros. El coordinador del teatro fue Mauricio Leoz. Y los jefes generales de la Misiones de Santiago fueron Silvia Máas y Carlos Raúl Ayala.

Los Misioneros chilenos que nos acompañaron, fueron los hermanos Raúl y María Isabel Ventura, Paula Willumsen, José Luis Rosso, Juan Andrés Salas y Tere Divin.

Y los muy queridos hijos adoptivos, Dulce Duarte, Bettina Masulli, Sandra Borgoñon, Manuel López, Natalia Cárdenas, Vanesa Luvían, Mariela Díaz, Carina Díaz, María Lilia Robledo, Javier Rugel, Lizzie Martines, Michael Bareiro, Jazmín Gústale, Santiago Gíral, Claudia Sánchez, Margarita Ruiz Díaz, Raquel Fernández, Luis Ávila, Luis Ayala, Rodrigo Ayala, Adriana y Norita Cáceres, Bochi García, Patricia Escobar y Ana Laura Rivarola.

Yo soy el corazón de la Misión

La sencillez de nuestra Madre María fue el hilo conductor que habíamos elegido para acompañarnos. Sencillez en las vestimentas, alimentos, en las actividades, en las diversiones y en el trato a las personas que visitábamos. El himno de nuestra Misión fue el “El Salmo a la creación” y nuestro lema “Yo soy el corazón de la Misión”.

También nuestra capilla relucía por su sencillez. Durante la primera misa de envío, la presencia del  Espíritu Santo era palpable, los jóvenes salían encendidos para misionar en los hogares de Santiago. Nuestra Madre nos mostraba el camino y el Espíritu de Dios, las palabras que debíamos decir. Un hermoso coro, donde todos cantaban, acompañaba las eucaristías, y nuestra capilla se convirtió en el lugar preferido por jóvenes, adultos y santiagueños. Se rezaba el rosario al Espíritu Santo, y las serenatas a la Mater duraban hasta bien tarde en las noches.

Las familias visitadas no podían creer que eran católicos aquellos que misionaban y nos recibían con mucho cariño. Al ver la imagen de la Virgen María que les regalábamos, nos abrían las puertas de sus casas y de sus corazones. Uno sentía que cada visita era una bendición, no sólo para los misionados, sino especialmente para los misioneros.

La primera reunión para los jóvenes de Santiago fue algo inesperado hasta para los propios misioneros chilenos. Cada vez llegaban más y más jóvenes. Durante 3 noches de charlas participaron entre 60 y 70 jóvenes además de los misioneros. Teníamos un tema por año. El primero se habló y compartió sobre la familia y el segundo año sobre la Misa. Se finalizaba con una hermosa noche de meditación frente al Santísimo Sacramento en la iglesia del pueblo. Igualmente muy concurridas fueron las reuniones para los adultos, el catecismo, el matinée y el teatro, donde se presentó la obra de Mario Halley Mora, “El Solterón”. También pudimos participar de la celebración de la misa, la fiesta patronal de Santiago y disfrutar de las galas de los jinetes.

En el año 1998, 2° año de Misión, el Padre Ludovico invitó a una familia de La Plata, Argentina. María Eugenia y Daniel Peredo viajaron con sus hijos Juan, Maggie, Laura y Joaquina (quien hizo la primera comunión en la capilla de las misiones). Esta familia fundó, en enero de 1999, las Misiones Familiares Católicas Argentinas, con la colaboración de la Familia Delfino de Paraguay. También de las Misiones Familiares del Paraguay nacieron las del Brasil y España.

También tuvimos la dicha de tenerlos como misioneros a los jóvenes que más tarde se convirtieron en nuestros sacerdotes de Schoenstatt, como el P. Pedro Miraballes, P. Pope Pereira, P. Oscar Saldivar y P. Santiago Cacavelos.

Misiones familiares 2016

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