Publicado el 21. Abril 2017 In Misiones

“ITE MISA EST” – Misiones familiares en San Martín, Guanacaste, Costa Rica

COSTA RICA, Margarita Morera de Escorriola •

“ITE MISA EST” (“Id ahora, yo los envío) fueron las últimas palabras del Padre José Kentenich a su Familia de Schoenstatt, tras celebrar su última Misa en la Iglesia de la Adoración en el monte Schoenstatt, el 15 de septiembre de 1968.

Fieles a este envío del Padre Fundador, en esta Semana Santa, un grupo de familias y jóvenes de Schoenstatt Costa Rica, se pusieron al servicio de la Iglesia y con espíritu misionero salieron al encuentro del otro para acompañar a Jesús en su calvario, Pasión y Resurrección.

La presencia de la Mater crece en San Martín

San Martín es un pueblo costero ubicado en Guanacaste, Costa Rica, cuya población es de recursos económicos limitados y con problemas de desunión familiar, desesperanza y fe tibia.

Existe una capilla pero en esta época, el sacerdote párroco no puede atender las actividades propias de Semana Santa. Por lo tanto, los misioneros schoenstattianos ayudan a los laicos comprometidos de la comunidad a organizar oficios, procesiones, liturgia de la Palabra. También misionan por las calles, visitan enfermos y ancianos, comparten con familias y organizan actividades para jóvenes y niños.

Este es el tercer año que la Familia Misionera de Schoenstatt visita a esta comunidad. Los frutos ya son evidentes. En esta Misión 2017, pudieron comprobar la acción misionera de la Mater en este pueblo, que ya cuenta con 3 Aliados, 50 familias que reciben la Virgen Peregrina, la Mater está entronizada en la Capilla, y celebran la renovación de la Alianza cada 18 de mes en su comunidad.

Misión externa

Este año, la Familia Misionera de Schoenstatt salió al encuentro de esta comunidad, desde el recién bendecido Santuario Familia de Esperanza, con la confianza de hacer realidad el lema de la misión: “María Reina, Esperanza para San Martín”

Durante la Semana Santa, el grupo misionero recibió en la capilla a los niños de la comunidad, realizaron actividades, leyeron y comentaron el Evangelio y compartieron juegos. Fue una linda oportunidad para que los niños misioneros compartieran con los niños de la comunidad y juntos experimentaran la alegría de ser todos hijos de Dios.

El día miércoles se organizó una fogata frente al mar para los jóvenes. En esta fogata denominada “Hay fuego en Ti”, los jóvenes en misión compartieron con los jóvenes de San Martín canciones, testimonios de la vida de los santos, y juntos llegaron a la conclusión de que al tener a Jesús y María en sus corazones, tienen fuego que pueden compartir.

A partir del Miércoles Santo, junto a la imagen de la Virgen Peregrina, visitaron a enfermos, ancianos y familias en sus casas. Llegaron con gran alegría y confianza de que María es la gran misionera, que Ella obra milagros.

En esos encuentros, pudieron experimentar la presencia de la Mater en el corazón abierto de quien abre su casa y en el corazón generoso de quien visita; en la sed de amor del que encuentran cansado, en el corazón agradecido del que reconoce la bendición, en las lágrimas de alegría o de tristeza que derraman algunos, en la oración y canto que se comparten…

Los misioneros, en cada visita, experimentaron que al encontrarse con el otro, junto a la Mater, realmente se siente la infinita Misericordia de Dios, y es así como ocurre la “magia” de convertirse en “Misionero Misionado”, y al entregar se recibe más a cambio.

Misión interna

En lo interno de la misión, los misioneros también experimentan grandes milagros de transformación. Vivieron la Semana Santa, sirviendo, meditando, rezando, cantando, acompañando de muchas maneras a Jesús en la cruz.

Padres, hijos, jóvenes, niños compartieron la alegría de servir. Iniciaban y finalizaban su día con la oración compartida, comentaban el Evangelio, se repartían tareas de limpieza y alimentación. Se convirtieron en una gran familia donde cada uno da lo mejor de sí a los otros.

En esta misión, aportaron mucho Capital de Gracias, que representaron con una corona de espinas, semejante a la corona de nuestro Rey, fuerte y humilde coronado de espinas.

Estas espinas, si bien fueron espinas de amor, le dolieron a Jesús y a su Madre. En los días de misión, por medio de los esfuerzos y actos de amor, los misioneros fueron cambiando las espinas por flores. Al final de la misión, entregaron a María y a Jesús una corona llena de flores, para merecer tal acto de amor, de morir en la cruz por nosotros.

Dentro de la misión se viven experiencias intensas de fe. El Viernes Santo, los misioneros peregrinaron a lo alto de un monte, rezaron, cantaron adoraron a la Cruz y pidieron misericordia para sus familiares y amigos que llevan una cruz física o mental.

Compartieron desde lo cotidiano de limpiar, lavar platos, barrer hasta lo más sobrenatural en la oración, con la riqueza de descubrir en el otro el amor de Dios y de aprender de los demás.

María Reina, realmente es la esperanza de San Martin

Al finalizar la misión, el grupo se despidió de la comunidad con gratitud en su corazón, seguros de que “María Reina es la esperanza para San Martín”, porque la esperanza brotó de cada sonrisa y abrazo entregado, porque el corazón se incendió de amor en cada misionero.

Todos regresaron a su vida cotidiana con la satisfacción de haber dado su sí, de ser fieles a las últimas palabras Padre Fundador: “Id ahora yo los envío”.

“CON MARÍA, ALEGRES POR LA ESPERANZA Y SEGUROS DE LA VICTORIA HACIA LOS TIEMPOS MÁS NUEVOS” – P. José Kentenich

 

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