Publicado el 18. abril 2017 In Misiones

Encuentro con Jesús en las Misiones Universitarias Católicas (2)

PARAGUAY, Sebastián Denis •

Los cientos  de misioneros de las MUC (Misiones Universitarias Católicas), el jueves por la noche comenzamos la etapa más intensa de las misiones. Luego de los talleres de la tarde, o en algunos casos de acompañar a más de 100 jóvenes en la Pascua Joven, fuimos a la celebración de la Cena del Señor en la que junto al pueblo cabecera acompañamos a Jesús Pan de Vida.

Particularmente en Santa Elena, ya en un ambiente de recogimiento o como decimos en las misiones de “alegría contenida”, acompañamos al Santísimo Sacramento desde la iglesia hasta la capilla de nuestro colegio, donde estuvo expuesto desde la medianoche hasta las 6 am, de forma que cada familia de misión (grupo) pudiera acompañar a Jesús a lo largo de la madrugada.

Antes, como oración y en una forma simbólica, los jefes de la misión lavan los pies a sus grupos para luego dejar abierta la posibilidad a que otros laven los pies a quienes deseen. Es una reflexión que emociona a la Familia de Schoenstatt porque, por lo general, miembros de diferentes ramas y grupos de vida se lavan los pies entre sí, y si uno tiene la gracia de tener hermanos a los que acompañó en la preparación a su alianza, es un reafirmar el sí al llamado del Padre Kentenich.

En mi caso particular, en esta misión, esa noche tuve muy presente a Mario Hiriart porque mis alumnos de la Facultad de Ingeniería me lavaron los pies y yo a ellos, renovando como diría Mario, la confianza en los planes perfectos de Dios a pesar de que como ingenieros queremos calcularlo todo.

He aquí a tu Madre

El viernes no misionamos y fue un tiempo para un breve retiro, donde reflexionamos sobre nuestra posición en la vida diaria ante los momentos de cruz, contemplando previamente las 14 estaciones del Vía Crucis.

Por la tarde, participamos con el pueblo de las tradiciones de nuestro país, previo a la celebración litúrgica. Junto a las mujeres que con sus canciones acompañan a la Dolorosa y al Discípulo amado, vivimos el momento de la crucifixión que se desarrolla fuera del templo. Finalizada la Pasión, presenciamos el descendimiento de la Cruz para luego recorrer las calles hasta el sepulcro, y finalizar con el Tupa itu (adoración a la cruz en guaraní). Por la noche, muchos por primera vez, participamos del Necrolucis, rezando los misterios dolorosos por los difuntos hasta el cementerio.

Esa noche, la oración es especialmente significativa para los de Schoenstatt porque es el momento donde recordamos la entrega de Jesús a la Mater a cada uno de nosotros. En esa oración, el que representó a Jesús fue Kike, un joven de la JMU (Juventud Masculina Universitaria) del Santuario Joven. Estaba en sus primeras misiones y nos habló de lo importante que para él fue vivir ese momento de entrega, a la que desde diciembre del año pasado es su aliada.

En el retiro tuvimos testimonios sobre cómo las reflexiones nos ayudaron a encontrar las manifestaciones de Dios que siempre son a través de lo pequeño. “Ayudaron a ver cómo redireccionar nuestra vida y específicamente nuestros horarios espirituales y propósitos. Poder darnos cuenta de que la espiritualidad se encuentra en la actitud con la que tomamos nuestras decisiones, y en los momentos de flaqueza particularmente, poder dar nuestro sí como la Mater”, comentaba Rodolfo, de la Rama de hombres.

Espera…

El sábado por la mañana, con una alegría y muy ansiosos, salimos a misionar por última vez, o mejor dicho, a ser misionados. Al volver, nos esperaban unas sorpresas muy lindas por parte del Equipo de Servicio, con pequeños detalles que tuvieron: las tareas de limpieza, nuestras camas tendidas y las aulas ordenadas.

Por la tarde, se cerraron los talleres con los niños y todo fue alegría con disfraces, juegos y muchas risas y nos llenamos ya de un ambiente de resurrección.

Vigilia Pascual entre tormentas

Al llegar a la Iglesia para la celebración de la Noche de las Noches, contábamos con un alerta meteorológica para la zona de misión, pero aún no pasaba nada. Estábamos a oscuras y durante todo ese tiempo no hubo ningún ruido. Cuando cantamos el Gloria y sonaron las campanas, se desató el viento y era como el soplo del Espíritu en forma tangible de que Jesús es el Señor de nuestras vidas y que sus tiempos son sus tiempos. “Por medio del viento, Dios nos manifestó que en su voluntad Él soplará cuando sea el momento y debemos renovar nuestra misión y nuestra alianza por medio del amor a la Cruz, porque nuestra cruz misionera es gloriosa, porque se encuentra sin el Cristo Crucificado y nos indica el camino para ver que el sepulcro está vacío”, nos decía Gabi, de la JFU (Juventud Femenina Universitaria).

Luego, mientras esperábamos que pasara la tormenta, compartimos con la comunidad la alegría de la Pascua de Resurrección.

Finalmente, la noche se cerró con momentos de familia (grupos) donde se volvieron a abrir los corazones. A lo largo del corredor que comunicaba a la capilla, bajo una tormenta muy fuerte de viento, lluvia y truenos, cada misionero tuvo literalmente la posibilidad de ver a Jesús resucitado que volvía a ocupar su trono, pero ya resucitado en nuestra capilla, recordando las palabras de Benedicto XVI a los jóvenes en Madrid, “Vuestra fuerza es mayor que la lluvia”.

Encuentro con Jesús en las Misiones Universitarias Católicas

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