Publicado el 2. Octubre 2016 In Misiones

Misiones “TOTUS TUUS” 2016 en el Cerro de Montevideo

URUGUAY, vía schoenstatt.org.uy, Testimonio de Josefina, Misionera de Totus Tuus 2016 •

Soy Josefina, el año pasado tuve la suerte de vivir las primeras misiones “Totus Tuus”, en Uruguay. Este año, formé parte de un grupo pequeño dentro de la organización. Me acuerdo el día que pusieron, en el grupo de whatsapp de los misioneros 2015, que se venía la segunda Totus Tuus y con ello, comenzábamos la nueva organización. Anonadada. Nunca creí que iba a poder ayudar a organizar una misión. Había caído de la nada a la misión pasada, poca idea me había quedado del Movimiento, y a su vez, me llevó casi un año caer a la realidad, tomar conciencia de todo lo increíble que había vivido ahí.

Creí que esta misión sería igual que la anterior con todas las dinámicas, vivencias y actividades. Ir, vivirla, volver “copada” y contárselo a todos, y día tras día dejarlo como un recuerdo increíble, que valió la pena pero que era pasado. Sin embargo, la Totus 2016 fue algo distinto. Más que nada porque el Movimiento es algo distinto. Los misioneros seguimos en contacto y no sólo eso, sino que al surgir enseguida otra misión, nos abrieron las puertas para formar parte de la organización. Me sumé al grupo de espiritualidad. Sabía que era muy difícil pero también que era lo más lindo. Costó mucho tiempo, mucha dedicación, mucha entrega, mucho compromiso, pero haber llegado a la misión y haber visto, día tras día, los resultados me dejó sin palabras.

“¿Acaso no arde nuestro corazón?”

El lema de la Totus Tuus 2016 fue “¿Acaso no arde nuestro corazón?”. Durante los días de la misión, recordábamos no sólo aprovechar al máximo todo el tiempo sino también darse cuenta lo que se estaba viviendo. Cada tanto, me quedaba unos segundos quieta mirando a cada uno de los misioneros. Transmitían tanto que era inevitable no emocionarse. Muchos contaron cómo les costó salir, animarse al encuentro y dar el sí. Sin embargo, se fueron dando cuenta lo bien que hace, cada tanto, salir de tu zona de confort, del sillón, de la rutina, ir a servir al otro, jugársela. Sintieron que fueron llamados por Dios y eso fue una de las cosas más lindas que escuché de muchos. Todo salió perfecto. Oraciones de la mañana que te recargaban de energía para el día agitado que se vivía, desayunos delis, envíos donde recibías a la Mater para salir al encuentro y donde veías euforia, gritos, saltos. También encuentros inolvidables con los vecinos de Providencia, guitarreadas, actividades con niños, jóvenes y también dinámicas entre misioneros. Formamos un grupo que no se separa más, porque cuando lo que te une es algo tan grande como Dios, es imposible romper los lazos.

Al principio, nos habían dicho que no tendríamos mucha suerte porque no solían abrir la puerta y charlar con gente desconocida, pero se equivocaron. Llegábamos de misionar y todos con millones de cuentos de las distintas y muchas personas que nos abrieron las puertas y nos dejaron tremenda huella. Cada grupo decía que le había tocado el mejor grupo misionero… ¡qué salado que no haya habido quejas siendo tantos, 63 jóvenes! Todos siempre con tremenda alegría, buen humor. Era increíble, nos reíamos hasta si algo salía mal. Los organizadores también, ellos dieron todo para que saliera más que perfecto, ¡y lo lograron!

totus-3Siempre tarde

Después de misionar siempre nos encontrábamos en Providencia, el Colegio del Movimiento de Schoenstatt en Montevideo a tal hora pero ninguno llegaba puntual. Siempre tarde. Me llamó la atención porque se notó que misionar no tiene un fin sino que es para toda la vida. Siempre vas a encontrar a alguien que te abra las puertas de su casa y compartan una o varias palabras. Era gente sencilla, al principio veías cómo abrían despacito la puerta, preguntando quiénes éramos, con un poquito de miedo pero después te daban todo: abrazos, besos y reclamos pidiéndonos “Por favor, vuelvan”. Incluso escuché a algunos vecinos que decían “Son angelitos que nos mandó Dios”.

Llegó el último día y cayeron muchas lágrimas. Era confuso, llorabas porque todo se terminaba y también por todo lo imponente que habías vivido.

Se nota que se extrañan, viendo como no paran de hablar en los grupos de whatsapp que se formaron. Ya surgió un reencuentro, y pensar que sólo pasaron tres días.

Fue fuerte, se notó cómo reconocimos a Dios y ardió nuestro corazón: ¡La Mater nos conquistó!

¡Hasta el año que viene!

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