Publicado el 7. Abril 2017 In Casa Madre de Tuparenda, Obras de la misericordia

Celebrando el gran abrazo misericordioso de Dios en la Casa Madre de Tupãrenda

PARAGUAY, Maria Fischer •

El 21 de marzo de 2017 la Casa Madre de Tupãrenda (CMT) tuvo una gran celebración. Este es un centro de formación laboral y de desarrollo humano para jóvenes que vienen de cárceles para menores de edad,  a la sombra del Santuario de Schoenstatt de Tuparenda, fruto permanente del Año de la Misericordia.

Este día se vistió de fiesta por la celebración del Bautismo, Primera Comunión y Confirmación de siete participantes del Proyecto de CMT. Estos jóvenes, por decisión propia, se prepararon muy entusiasmados a lo largo de estos meses con Cristina Santa Cruz, quien generosamente ha venido acompañándolos.

Eran siete jóvenes vestidos con camisetas blancas, dispuestos a recibir a Jesús en su corazón, dispuestos a ir por la vida de la mano de aquél quien vino para salvar a los pecadores. A recibir a ese hombre que acogió a los nunca tuvieron una oportunidad, a los enfermos de cuerpo y alma, a los marginados, a los pobres… a ellos. Los globos blancos y amarillos, las flores y todo el adorno de la Casa Madre de Tuparenda parece reflejo de la gran fiesta celebrada en cielo por este momento de gracias, este momento del gran abrazo de Jesús a sus hermanos predilectos, de la bienvenida paternal de Dios Padre a estos Hijos que vuelven a casa, o mejor dicho, que vienen por primera vez a casa.

“Estamos dentro de un milagro, podemos tocar con nuestros manos un milagro”, comentó Ani Souberlich, directora de la Casa Madre de Tuparenda. Es verdad y hace falta tenerlo siempre presente. Lo que se vive en esta fiesta es un milagro, un milagro de transformación desde la acogida humana y divina que experimentan los jóvenes, un milagro que nace en los abrazos cálidos, eternos, repetidos que estos jóvenes buscan y regalan. Abrazos que se convierten en signos de este gran abrazo del Padre Misericordioso que este día le devuelven libremente al pedir el bautismo, la comunión y la confirmación.

Vale dejar todo para estar en esta fiesta

Valió la pena lanzarse en auto al tráfico espantoso desde Asunción para estar presente; valió la pena tomar el vuelo nocturno desde Costa Rica para estar presente; valió la pena dejar todo para participar… Ana Maria Mendoza de Acha, Presidente de Fundaprova, entidad legal detrás de la Casa Madre de Tuparenda, junto a otros miembros de Fundaprova, el P. Pedro Kühlcke, Maria Fischer, Cristy Santa Cruz, los instructores, voluntarios, una periodista … todos estaban presentes a las 12.00 hrs para compartir la fiesta con los siete jóvenes y sus compañeros y para darle la bienvenida a Mons. Joaquín Robledo, obispo de San Lorenzo, en su primera visita a la Casa Madre de Tupãrenda, el primer centro de reinserción (o primera inserción, en verdad) para jóvenes infractores de la ley en su diócesis y en todo el país, llevado a cabo con gran ayuda por parte del Ministerio de Justicia de Paraguay y la solidaridad y el compromiso de muchos en Paraguay y en el Movimiento internacional.

La fiesta comenzó con el festivo almuerzo. Hubo breves discursos del obispo, de Ana Maria Acha, del P. Pedro, de Ani Souberlich… pero la sorpresa vino después. Dos jóvenes de la Casa Madre de Tuparenda pidieron la palabra. Sencilla y emocionadamente hablaron de sus sueños, de su agradecimiento… Martín hace los sábados un curso de arreglo y reparación de computadores. ¿Cómo pagas el curso que no es gratis? “Con lo que recibo para mi trabajo en la Casa Madre de Tupãrenda.” ¿Cuál de las dos caras luce más con orgullo, la de Martín o la del P. Pedro? Rafael cuenta que quiere trabajar como peluquero “y después estudiar para ser abogado y ayudar a jóvenes como yo”, agregó. Más tarde, después del almuerzo y mientras que el P. Pedro y Ani Souberlich le mostraron al obispo la panadería y las salas de la Casa, Martín explicó a Maria por qué en la Casa todas las paredes están pintadas de blanco. “Es la primera vez que estoy en una casa con paredes blancas. Antes todo era oscuro. Blanco es el color de la paz y de la tranquilidad, es lo que me hace tan bien. Quiero paz y tranquilidad, y la Casa Madre de Tuparenda me lo da.” Más tarde explicó lo que significa el color verde y el color amarillo de los pomelos en el gran árbol frente de la casa. Alegría, futuro, esperanza. El pomelo que me regaló con esa tímida sonrisa de cómplice, es el regalo más precioso de toda mi vida.

Los dos charlistas con Ana Maria Acha, Presidente de Fundaprova

Hijos de Dios

Unos en auto, la mayoría caminando, todos se dirigieron finalmente al Santuario, donde se encontraron padres, hermanos, novias y varios bebés. Si, muchos de estos jóvenes ya son papás… asumiendo su responsabilidad.

En el quincho, todo fue preparado para la Misa y los sacramentos. Acompañados por guitarra y canciones, como se cantan en las Misas de las Misiones, las Misas del Movimiento, se llevó a cabo la Misa. Sólo que no es una Misa como otras. Es una Misa con 23 jóvenes que se sintieron, como explica el P Pedro, como una pelota tirada a campo abierto sin pertenecerle a nadie, objeto de ser pegado, tirado… dejado a la mera lucha por sobrevivir y conociendo sólo el idioma de las armas, la violencia y el robo. Es recién aquí que aprendieron a cantar, a hablar en vez de gritar, a vivir en vez de sobrevivir…  Ahora siete de ellos están a un paso de ser más Hijos de Dios. Más. Porque hijos de Dios ya lo son. Jesús murió y resucitó tanto para ellos como para mí.

Todos renovamos las promesas bautismales,  junto a los dos chicos que pidieron el bautismo.  No quisimos dejarlos solos al pronunciar sus sí, sus no. Mientras que se lleva a cabo el largo rito, algo se cambió. Ellos, los marginados, los excluídos, no nos dejaron excluidos a nosotros de este momento único de gracias. Así es. Somos los privilegiados participantes en la fiesta más grande de Dios, en la fiesta de la misericordia.

Celebramos el Año de la Misericordia – ¿y ahora qué?

Celebramos el Año de la Misericordia – ¿y ahora qué? Obras de la misericordia… Liberar a los presos. No, es visitar a los presos. Pero también es liberarlos. Liberarlos de sus adicciones que les hacen olvidar el hambre y el abandono, sus hábitos adquiridos en la calle, en la cárcel… para llevarles a un lugar donde se sienten queridos, acogidos, dignos, a sentirse lo que son: Hijos de Dios, amados, llamados.

Pensé llevarles un regalito, más allá de mi presencia y mis artículos y mi llamado a apoyarles con oración y con donaciones. Llevé desde Roma, una bolsita con cruces del Papa Francisco, estas cruces del Buen Pastor, bendecidas por él. Ojala que sean siete, pensé. Para los siete que reciben los sacramentos. ¿O para todos? No puedo resistir de contar las cruces, mientras grabo la prédica. Me quedé con piel de gallina. Eran exactamente 23. El número actual de los participantes del programa de Casa Madre de Tuparenda.

Después del Año de la Misericordia, ¿qué? Lo que queda, es la Casa Madre de Tupãrendaa.

La realidad y el milagro

Al final de la Misa, todos peregrinaron al Santuario para la bendición final, para entregar a estos jóvenes a la Mater. Una vez por semana celebran aquí la Santa Misa. Ahora cantaron, rezaron, y con alegría recibieron sus regalos… Una fiesta de alianza, de solidaridad, de esperanza, de confianza.

La Madre de Tupãrenda recibe, acoge, transforma, envía…

La fiesta culminó con una merienda con todos los familiares presentes, con torta, chocolate, y las infaltables fotos de todos con todos, con discursos breves de agradecimiento, entrevistas, palabras de reconocimiento por el Ministerio de Justicia con su apoyo y a todos los voluntarios, colaboradores, bienhechores…

Y queda ese momento de volver por unos segundos a la realidad – un momento duro al fin de la fiesta -, que sirve para recordar siempre, que lo que se vivió ese día es el milagro y que la realidad de dónde vienen y a dónde van es otra, es muy distinta y que vale conocerla para entender que somos, en vivo, testigos de milagros. Y agentes de milagros.

Cada uno puede ser testigo y agente de milagros en oración y con donaciones para la Casa Madre de Tupãrenday cada uno de sus usuarios. A veces es una guitarra, un zapato o una camiseta blanca que hace la diferencia entre desesperanza y milagro.

Otras opciones:

Cuenta en Paraguay:
Fundaprova
Cuenta: 102792992
Sudameris Bank SAECA, BIC  BSUDPYPXXXX
RUC80079669-1
Cuenta en Europa (transferencias desde SEPA son gratis)
Schönstatt-Patres International e. V.
IBAN: DE91 4006 0265 0003 1616 26
BIC/SWIFT GENODEM1DKM
Uso previsto: P. Pedro Kuehlcke, Casa Madre de Tuparenda

Nuestra esperanza no es un concepto, no es un sentimiento, no es un teléfono celular, no es un montón de riquezas: ¡no! Nuestra esperanza es una Persona, es el Señor Jesús que lo reconocemos vivo y presente en nosotros y en nuestros hermanos, porque Cristo ha resucitado.”

Papa Francisco, 5.4.2017

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1 Responses

  1. Que experiencias mas ricas y bendecidas! Cuanto esfuerzo y trabajo recompensado con las sencillas sonrisas y corazones que desbordan gratitud!

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