Publicado el 7. noviembre 2017 In Campaña

Hasta los confines del mundo…en las huellas del Padre Fundador

ARGENTINA, Ana C de Echevarria •

P. Esteban Uriburu

Sucede en todas las familias. Cuando somos niños no valoramos muchas veces lo que significa en nuestras vidas la presencia, el actuar y el amor de nuestros padres. Nos parece algo tan natural. Con el paso del tiempo vamos descubriendo cuántas pequeñas y grandes acciones suyas nos marcaron y forjaron lo que hoy somos.

Este año del Padre Fundador que como Familia nos hemos propuesto celebrar, es un momento especial para detenernos a contemplar agradecidos tantas y tantas cosas que él fue sembrando con su vida, sus cartas y escritos, también con sus palabras que fueron y siguen siendo un tesoro que cada generación ha de valorar y redescubrir para que surja nueva vida.

Así sucedió en 1983 cuando unas palabras creadoras de vida del Padre Kentenich, que él dejara sembradas en Brasil y en Argentina, nos condujeron a la consagración del 7 de noviembre de 1983 en el Santuario de Belgrano, en Argentina y fueron la semilla que originó la expansión al mundo de la Campaña del Rosario de Don Joao Pozzobon:

 Son dos los movimientos que deben llegar a ser cada vez más vitales:  el movimiento Eucarístico por la Adoración y el movimiento del Rosario” (P. José Kentenich, Santa Maria, Brasil)

“Queremos rezar, vivir y ofrecer el Rosario como aporte al Capital de gracias…Si hacen esto, Ella descenderá…y renovará todas las cosas…un terremoto de la gracia divina” (P. José Kentenich,Villa Ballester, Argentina, 1949)

¿Por qué no coronarla Reina del Rosario?

Fue a principios de 1983 que estas palabras del Padre despertaron entre nosotros una inquietud. El Padre Esteban Uriburu que había detectado en la juventud interés por el Rosario, nos invitó a Guillermo -mi marido- y a mí, a ayudarle a impulsar entre los jóvenes un movimiento del Rosario rezado, vivido y ofrecido al capital de gracias del Santuario, tal como proponía el Padre. Y nos dio una imagen de Nuestra Señora de Schoenstatt para que rezáramos en nuestro Santuario Hogar pidiéndole que nos guiara. Así lo hicimos y la Virgen no hizo esperar su respuesta. Pronto surgió una idea. –‘Si queremos armar un movimiento del Rosario, si queremos que muchos jóvenes recen y vivan el Rosario en Alianza con Maria ¿por qué no pedirle ayuda a la Virgen misma como lo hizo el Padre Kentenich en Dachau? ¿por qué no coronarla Reina del Rosario, cómo el Padre la coronó Reina del Pan, para que Ella regale a muchos la gracia de rezarlo y vivirlo como instrumentos suyos para ayudarle en su misión?

Sencillamente, en nuestro Santuario Hogar, coronamos la imagen que el Padre Esteban nos había dado. Muy pronto la Virgen respondió a la coronación: a través de tres Jornadas, aquel año más de doscientos jóvenes se unieron a esta corriente. El Padre Esteban les decía: “Nos hemos propuesto una meta: llevar el Rosario al campo de batalla de nuestro corazón y de nuestra vida y llevarlo después a los demás. Armar un gran movimiento del Rosario con la convicción de que el Rosario lleva a la transformación de la vida.”

Queríamos ayudar a la Virgen a transformar el mundo por el Rosario rezado, vivido y ofrecido en alianza. Nuestros corazones ardían por esta nueva misión. Quisimos que la Virgen misma ‘nos armara caballeros’, que nos entregara el Rosario como arma de oración y santificación; como espada para luchar por la evangelización. Le pedimos al Padre Esteban que nos entregara el Rosario en nombre de la Virgen. El enseguida aceptó. Nos encontraríamos en el Santuario. Éramos cuatro los que íbamos a consagrarnos. Pero ante nuestro asombro, otros veinticinco que se habían enterado, fueron llegando para unirse a nosotros.

Hasta los confines del mundo

Y aquella noche del 7 de noviembre de 1983 en el Santuario de Belgrano en Buenos Aires coronamos nuevamente como Reina del Rosario la imagen que el Padre Esteban nos había dado, y nos entregamos “como instrumentos para rezar, vivir y llevar el Rosario a todos” … Sentíamos que esto era algo muy grande. Estábamos dispuestos a entregarlo todo y consagrarnos a esta misión. En nuestra oración dijimos a la Virgen:

“Hasta los confines del mundo puedes enviar a quienes hoy se te consagran” (P. José Kentenich, Hacia el Padre).

Luego, uno a uno todos nos fuimos acercando. El Padre Esteban nos decía:

– “Te entrego este Rosario en nombre de la Madre Tres Veces Admirable de Schoenstatt, como arma y escudo de defensa para el combate”.

No podíamos imaginar en aquel momento que estábamos entrando en el cauce de una iniciativa divina. Que miles de imágenes como ésta que acabábamos de coronar peregrinarían en poco tiempo más en los cinco continentes, enseñando a rezar y vivir el Rosario en alianza con María. No sabíamos tampoco que la Virgen iba a tomar tan en cuenta nuestra sencilla consagración y nos iba a utilizar como instrumentos para colaborar en esa grandiosa irrupción.

Al terminar la misa partimos del Santuario meditando lo que habíamos vivido en torno a aquella imagen que el Padre Esteban había traído de Brasil. ¡Cuántas gracias había regalado! ¡A cuántos jóvenes había encendido para seguir aquel llamado del Padre Kentenich a rezar y vivir el Rosario!

Aquel brasilero que rezaba el Rosario

Recordamos que el Padre Esteban nos había contado que a él le había dado la imagen a su paso por Brasil, un señor llamado João Pozzobon. De él, sólo nos dijo que era un almacenero brasileño que rezaba y difundía el Rosario. Hasta ese momento, no le habíamos dado a esto ninguna importancia.  Pero ahora surgió una idea: “¿Si le pidiéramos a ese señor Pozzobon otras 25 imágenes para que, coronadas con el Rosario, lleven esta corriente que está surgiendo acá, a toda América, como un regalo para el Padre Kentenich en su centenario?”

Al Padre Esteban le encantó la idea. Él mismo llevó la carta a Brasil y trajo la respuesta de Don João: ”De inmediato sentí que es algo divino, inspirado por el Espíritu Santo y la Virgen Madre de Schoenstatt. Es uno de los mayores acontecimientos de la Campaña del Santo Rosario. Será un gran impulso triunfal para el Centenario del Padre José Kentenich. Puede verse la mano de la Madre que está preparando desde ese lugar, desde Buenos Aires,…una fuerte corriente… para difundir la Campaña al mundo entero“. (Joao Luiz Pozzobon)

Poco tiempo después partíamos a Santa Maria a buscar las imágenes, con el Padre Esteban y un grupo de 29 personas. En el Santuario Tabor conocimos a Don Joao, escuchamos fascinados la historia de su vida que nos fue contando y partimos del Santuario con las 25 imágenes peregrinas, decididos a entregarnos por entero a su misión. Al despedirnos, durante la Misa, Don Joao ofreció su vida “para que esta Campaña llegue a ser cada vez más grande y lleve su mensaje a todos” (Joao Luiz Pozzobon).

Un año y medio después, la Campaña había llegado a 20 países en los cinco continentes.

Historia de alianza

Es emocionante recordar esta historia. Una de tantas historias de alianza y de amor que ha ido tejiendo silenciosamente María en sus Santuarios. Y hoy, treinta y cuatro años después de aquel 7 de noviembre de 1983, celebramos con alegría y gratitud la herencia que nos dejó nuestro Padre Fundador en aquellas palabras suyas que fueron semillas fecundas que a su tiempo dieron fruto y originaron la “irrupción fulminante al mundo de la Campaña” de Don Joao.

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1 Responses

  1. Muchas gracias, Ana, por recordarnos esta maravillosa historia. Todo lo grande nace en el silencio, entre pocas personas que Dios elige como instrumentos. Hoy en día sería imposible describir el estado actual de la Campaña… Ha llegado a los lugares más ignotos del planeta. Gracias también a cada uno de los misioneros!

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