Publicado el 18. Agosto 2017 In Campaña, Obras de la misericordia

Del Santuario a los pobres

PARAGUAY, Martin Pereira •

João Pozzobon visitaba familias, escuelas, hospitales y cárceles rezando el Rosario y enseñando a ser personas de bien. Al ver las necesidades de las familias humildes, su compromiso con el pueblo era cada vez era mayor. Construyó varias casitas en un terreno suyo, donde alojaba a estas familias hasta que encontraran un trabajo estable y pudieran salir adelante. Al lugar lo llamó “La Villa Noble de la Caridad”.

Pozzobon dedicó mucho esfuerzo a aquellas familias: consagró varios matrimonios entre los padres de familias que no estaban casados, bautizó a los hijos, y dio primeras comuniones a grandes y chicos. También levantaron una capilla en la Villa Noble y entronizaron a la Madre y Reina de Schoenstatt. Se ocupaba de que no faltara nada, en lo material ni en lo espiritual.

La Campaña y las obras de la misericordia

Hoy nosotros, los Misioneros de la Campaña del Rosario, a semejanza de Don João, sentimos la necesidad de dar un poquito más. Queremos unirnos en nuestras comunidades y así llevar abrigo al que tiene frio, dar alimento al que tiene hambre, dar un abrazo al que se encuentra solo, llevando a María Santísima a todos como la madre que cobija, que transforma, y nos invita a ser discípulos de su hijo Jesús.

Apoyo al Comedor Parroquial

Ya tenemos algunos apostolados comunitarios muy lindos en la Campaña del Rosario, los cuales nos sirven de ejemplo para replicarlos en todo el país, como es el caso de los Misioneros de la parroquia La Candelaria de Capiatá. Ellos ayudan en el Comedor Parroquial hace ya 15 años. Con amor y esfuerzo asumieron la responsabilidad del comedor un día por semana, cubriendo las necesidades para el almuerzo de ese día, los cuales solventan con lo obtenido de rifas y donaciones.

También se encargan de recibir con amor y respeto a los chicos que van llegando, comparten la lectura del Evangelio del día y luego les sirven el almuerzo. Finalizado el mismo hacen una oración de agradecimiento. Mientras los chicos se marchan, los Misioneros se encargan de dejar todo en orden para que al día siguiente otro grupo realice la misma labor, y por esa semana puedan decir “Misión Cumplida”… luego de los sacrificios vienen las alegrías.

Fuente: Revista Tupãrenda, julio 2017

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