Publicado el 9. diciembre 2017 In Campaña, Obras de la misericordia, Proyectos, Schoenstatt en salida

Gabriel, Ana, Miguel y Axel: cuatro historias en la Misión IPS

PARAGUAY, Sady Fleitas •

La Misión IPS tuvo su cierre anual el sábado 2 de diciembre, víspera del primer domingo de Adviento. Se recorrieron los 8 pisos del Hospital Central del Instituto de Previsión Social (IPS) en Asunción, llevando a Jesús Eucaristía y la visita de su Madre, la Virgen Peregrina de Schoenstatt. Además, contamos con el acompañamiento de misioneros de la Parroquia San Pío.

Ese día pudimos ver a los niñitos más indefensos, bebés y niños de 2 a 12 años, que padecen neumonía, fracturas, cirugías y enfermedades, a cuyo cuidado se entregan totalmente el papá y la mamá. Es el don de vida en su inocencia más pura, aunque los pequeños tengan miedo de que venga el doctor o las enfermeras, o miedo al pinchazo de una aguja del hospital.

El pequeño Gabriel y su temor a la vestimenta blanca

Recuerdo al pequeño Gabriel, de 2 años, que lloraba pues al ver la vestimenta blanca del ministro de Eucaristía, lo confundió con el médico y se abrazó a su mamá. Le comenté que lleva el nombre de quien le saludó a María con la oración que rezamos en el Rosario, el Ángel Gabriel. “Lo único que falta que tu mami se llame María” agregué. “¿Cómo te llamas?” le pregunté a la madre. “Ana”, respondió. “Ah, como la abuela de Jesús”, le dije. Allí ya entramos en confianza con Gabrielito y pudimos ponerle agua bendita. Luego nos dijo “Andate”. Me sorprendió mucho, pero lo que no me daba cuenta es que no era a nosotros a quien lo decía sino al señor de blanco que estaba detrás nuestro: eran el doctor y las enfermeras. Con mucho amor nos despedimos y salimos hacia otra sala.

Miguel Ángel conoció el Rosario

Visitamos al pequeño Miguel Ángel que era del interior del país y no sabía rezar el rosario. Le dije que él no parecía un enfermo y le pregunté por qué motivo estaba ahí. Tenía la pierna lastimada, hace poco había salido pero volvió a ingresar al hospital. Le contamos de que manera hablamos con Jesús y María con el Rosario. Elegimos para darle un pequeño decenario y le insistimos: “Pedile a Jesucito: ‘Sácame ya’, y te van a sacar de acá”. Nos despedimos de él con una alegría muy grande.

Axel pudo recibir a Jesús Eucaristía

El único niño que ya había recibido la primera Comunión y a quien pude darle allí la Eucaristía se llama Axel. Le dije que tenía nombre de un galán de telenovela. “¿Qué te pasó? ¿Por qué estás en el hospital?”, le pregunté. “Pisé un clavo” respondió y nos reímos muchísimo cuando le comenté “Seguro que no estabas sentado y quieto”. Al sugerirle “Vamos a recibir a Jesús, ¿te parece?”, aceptó y con el Rito de la Eucaristía pudo comulgar.

Las urgencias y la necesidad de Dios

Finalmente, fue mi primera vez visitando la sala de Urgencias en IPS. ¡Cuánta necesidad de Dios hay en ese sector! Allí encontramos personas jóvenes y ancianos. Fue muy fuerte ver a quienes atentaban contra el don de la vida que Dios regala, ver a quienes sufren accidentes, etc. Aún así, hubo dos personas que recibieron la Eucaristía.

Al finalizar la recorrida por los diversos pisos, culminamos con el rezo del santo Rosario y el equipo misionero se despidió alabando a Dios.

Como Don João Pozzobon, ir hasta donde haga falta

La reflexión que hacemos luego de esta Misión es que de niños nos aferramos al cuidado de papá y mamá; podemos contagiarnos enfermedades o causarnos heridas al jugar pero tenemos la certeza de que Dios está. Al llegar a la mayoría de edad, y con total discernimiento, hay una ausencia de Dios demasiado grande que atenta incluso contra el don de vida que Él nos regala, y la familia está sumida en el dolor y falta de espiritualidad.

Hasta que un día aparecen sus enviados, sin que uno lo haya previsto, trayendo a Jesús Eucaristía, que nos muestran que Jesús y su Madre nunca nos abandonan. Ese es el servicio del ministro extraordinario de la Comunión, y en la Campaña del Rosario, vamos también de la mano de la Virgen Peregrina de Schoenstatt, como Don João Pozzobon, hasta donde haga falta.

 

 

 

 

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