Publicado el 26. noviembre 2017 In Casa Madre de Tuparenda, Obras de la misericordia, Schoenstatt en salida

En el alma de este chico quedaba la primera comunión en la Carcel de Menores y un testimonio

PARAGUAY, P. Pedro Kühlcke y María Fischer •

Ella lo nos prometió, aquel 18 de octubre de 1914: Entonces atraeré aquí los corazones jóvenes hacia mí. Entonces, ¿cuándo probamos nosotros con hechos que realmente la amamos? Cuando salimos para llevar la alianza de amor, como alianza solidaria, desde el santuario hacia las periferias. Cuando abrimos nuestro corazón y permitimos que, en nuestros abrazos, en nuestras palabras, en nuestros hechos, y sí, en nuestras donaciones materiales, ella, la Madre de todos los hombres y especialmente de los más heridos, abandonados, olvidados, puede tocas cuerpos y almas de los hermanos de Jesús…

Es un salto de la fe. Es este creer que lo invertido llevará fruto. Cuánto nos cuesta cuando el joven delincuente que abrazamos vuelve a robar, cuando el niño que llevamos al colegio vuelve a la calle, cuando la droga, el alcohol, la calle, el dinero… son más fuertes que toda nuestra solidaridad y amor. Cuánto cuesta a veces creer que nadie del amor regalado quedara sin huellas. En la Pastoral Carcelaria, en las Casas de Niños, en las casas de María Ayuda, en las 100 Casas Solidarias, en la Casa Madre de Tupárenda, en la pastoral de las villas, en las Misiones en los lugares más pobres.

Lo creemos. A veces se nos regala experimentarlo. Como hace una semana en una Misa de los jóvenes de la Casa Madre de Tuparenda en Paraguay, jóvenes que después de salir de la Cárcel de Menores reciben allá, gracias a aportes económicos del Ministerio de Justicia, el trabajo profesional y solidario de schoenstattianos y unas donaciones, una segunda y en muchos casos la primera oportunidad para una vida digna.

Bienvenido otra vez

Cuenta el Padre Pedro Kühlcke:

“Les quería contar un pequeño testimonio de lo que pasó justamente el martes, hace una semana. Estábamos en misa en el santuario, con los chicos de la Casa Madre de Tuparenda. De pronto se abre la puerta en medio de la misa, viene el guardia de la entrada y le trae a un chico, sucio, ropa bastante rota, yo le vi medio cara conocida, pero ni le ubicaba.

Bueno, se quedó toda la misa allí, luego alguien me contó que en medio de la misa se largó a llorar y después de la misa me puse a hablar con él. Resultó que es Pepito, que había estado en el 2015 en la Cárcel de Menores en Itaugua, incluso había hecho la primera comunión con nosotros, se acordaba perfecto; luego cumplió 18 años y tuvo varias entradas en la cárcel de Tacumbú, siempre con la droga; y ahora justo había salido de Tacumbú unos días antes y apareció en Tuparenda.

Y le pregunté, como sabías de eso. Porque en el 2015 nosotros recién comenzamos a soñar con lo que hoy es la Casa Madre de Tuparenda.”

El testimonio de Pablito

Fue justo la experiencia en la Pastoral Carcelaria en Itagua, lo que despertó el sueño de ofrecer algo para los jóvenes que salieron de la cárcel, casi condenados a volver, pues no hubo nada ni nadie que les ayudaba a iniciar una vida distinta a la de robos para sobrevivir en la calle.

Misa en la Carcel de Menores en Itaguá

Transformación

Sigue compartiendo el P. Pedro: “Luego él me contó que en Tacumbú, en la última entrada que tuvo, estuvo con un chico llamado Pablito, que le contó maravillas de Tuparenda.

Pablito es un chico que estuvo 15 días en Casa Madre Tuparenda, después un fin de semana se vino abajo, hizo macanada y volvió a entrar en la cárcel”. Todo lo invertido en Casa Madre de Tuparenda, todo el amor, todo el esfuerzo en vano. O eso parecía.

Todo lo contrario.

“Pero fíjense que nada más que esos 15 días, aunque solo esos 15 días que estuvo en Casa Madre, dejaron huellas en el alma de ese chico, a tal punto de él comentarle a otro chico (Pepito) y este vino a Tuparenda con mucha esperanza y durmiendo en la calle. Me contó que con su familia no tenía contacto porque le había hecho tanto desastre que no se animaba a llegar a su casa y prefería dormir por la calle.

Y le pregunté, que ¿como llegaste, como encontraste Tuparenda?

Contó que se vino caminando por Ruta 2 y desde el kilómetro 25 empezó a preguntar donde quedaba Tuparenda y se caminó todo hasta llegar allí.

Fijense lo que hacemos. Aunque sean chicos que estén solo 15 días ahí, pero algo queda en el alma, y en el alma de este chico había quedado la primera comunión en Itagua, gracias a nuestro equipo de pastoral carcelaria y había quedado el testimonio de un chico que estuvo 15 días nomas en casa madre de Tuparenda”.

¿Se puede imaginar lo que pasa en el alma de un joven que recibe, sábado por sábado, en la Cárcel de Menores, una merienda rica, miles de abrazos, tiempo para hablar, un hombro para apoyarse y llorar, y la caricia de Jesús y la Mater en los sacramentos?

¿Se puede imaginar lo que pasa en el alma de un joven que vive para nueve meses en Casa Madre de Tuparenda?

¿Se puede imaginar lo que ella, la Madre de todos los hombres, hace con el tiempo, el amor, el cansancio, el dinero ofrecido como capital de gracias para estos jóvenes?

“Quiero agradecerles a todos ustedes, porque no se imaginan cuantas semillas plantan, cuantas huellas positivas ustedes dejan en tantas almas”, dice el P. Pedro a los colaboradores y bienhechores de la Pastoral Carcelaria y de Casa Madre de Tuparenda.

Dos “Ex-CMT” con el P. Pedro

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Para la Pastoral Carcelaria

Para la Casa Madre de Tuparenda

La parábola del juicio prosigue presentando al rey que aleja de sí a aquellos que durante su vida no se han preocupado de las necesidades de los hermanos. También en este caso ellos se quedaran sorprendidos y preguntaran: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?» (v. 44). Sobre entendido: “¡Si te hubiéramos visto, seguramente te habríamos ayudado!”. Pero el rey responderá: «Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo» (v. 45). Al final de nuestra vida seremos juzgados sobre el amor, es decir, sobre nuestro concreto compromiso de amar y servir a Jesús en nuestros hermanos más pequeños y necesitados. Ese mendigo, aquel necesitado que extiende la mano es Jesús; ese enfermo que debo visitar es Jesús; ese encarcelado es Jesús; ese hambriento es Jesús. Pensemos en esto.

Papa Francisco, 26. 11.2017

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