Publicado el 23. octubre 2017 In Casa Madre de Tuparenda, Schoenstatt en salida

Sus rostros muestran que se sienten como un peregrino más en Tupãrenda

PARAGUAY, Ricardo Acosta •

Desde tempranas horas llegan centenares de peregrinos a la morada de María, en Tupãrenda. Los chicos de la Casa Madre de Tupãrenda también iban llegando, como de costumbre, antes de las 8 de la mañana. Pero este día no era como los anteriores… Había mucho movimiento de personas, vehículos, automóviles y grandes buses que estacionaban en el predio del Santuario nacional de Paraguay. Es el día de la Virgen de Schoenstatt, nuestra querida Mater. Cada año, el 18 de octubre llegan miles de peregrinos a Tupãrenda, desde todos los rincones del país, cargados de entusiasmo por reencontrarse con su Madre María.

La Casa Madre de Tupãrenda se había preparado también con la novena. Todas las mañanas, antes de comenzar las actividades, se leía la reflexión diaria y rezábamos todos juntos una oración. El corazón estaba listo para encontrarse de nuevo con la Reina de casa. No era como un martes de los días de encuentro semanal, sino que prometía algo mayor, la fiesta de la Madre Tres veces Admirable de Schoenstatt.

Grandes destrezas para conquistar clientes e iniciar conversaciones

Entre las decenas de carpas instaladas, estaba la de la Casa Madre de Tupãrenda para exponer y vender a los peregrinos los productos que elaboran allí los propios participantes del programa. Los mismos son variados, desde los “tradicionales secos” (bizcochos con forma de palitos y roscas), hasta los productos más elaborados. El eco de los clientes asiduos y nuevos, que gustosos probaban los panificados y los productos de repostería, retumbaban en elogios y, como consecuencia, aumentaban las ventas hasta agotar toda la producción.

Los chicos de Casa Madre de Tupãrenda, que llevaban puesta una remera distintiva de color verde con el logo de Fundaprova, se integraban con total naturalidad entre todos los peregrinos. Algunos mostraban sus grandes destrezas para conquistar clientes e iniciar amenas conversaciones con los visitantes, que se quedaban encantados y admirados por el proyecto y también por los productos expuestos que los mismos adolescentes elaboran.

Integrados como un peregrino más

El Padre Pedro Kühlcke pasó brevemente por la carpa a saludar a los chicos, antes de instalarse en el área de las confesiones, que siempre está con largas filas y con las más varias edades. “El mayor júbilo de todo esto, es ver la alegría en el rostro de cada adolescente de Casa Madre de Tupãrenda, ya que se sienten uno más (que de hecho lo son) de toda esta multitud de peregrinos que se aglomeraba en torno al Santuario de Tupãrenda”.

Que sientan que la sociedad los necesita y los acepta

Sin dudas, es lo más reconfortante para cada uno de los que trabajamos y conocemos el objetivo del programa de la Casa Madre de Tupãrenda. Es hacerle sentir a cada adolescente, que el error de su pasado no le hace menos persona que los demás; todo lo contrario, le hace más que nunca parte de esa sociedad que le necesita y lo acepta como es. Seguimos creciendo contigo, brindando oportunidad a estos jóvenes, que nos dan la esperanza que sí se puede.


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