Publicado el 9. Abril 2017 In Schoenstatt en salida

El amor todo lo trasforma: el Rosario de Hombres Valientes

PARAGUAY, Jorge G. Gamarra M. •

Al sentirme miembro del Rosario de Hombres Valientes, -creo que como muchos otros-, soy  como el Hijo Pródigo que menciona el evangelio de Lucas 15, 11-32; pero con el valor agregado del recogimiento de Misericordia en el Padre y guiado por esa gran Educadora que es la Mater.

En los encuentros de los que fui participando, como clases de escuela, la Mater gradualmente fue sanando las heridas que me auto infligí por transitar como conocedor de este insípido mundo materialista y al cual consideraba como principio y causa de vida.

Hoy comprendo que cada encuentro en nuestro punto de oración, cada jornada, retiro y peregrinación emprendidos me llenan de una acogida festiva de ese abrazo, de ese compartir con cada hermano fundido en un abrazo sincero, una sonrisa espontánea de aquel que, igual que yo, es cobijado y educado por la Mater; ahí ya se siente la presencia plena de Dios.

Hasta ahora muchos nos preguntan cómo puede cambiarnos ¨sólo  rezar el Rosario¨, y ahora puedo contestarles diciendo que el amor todo lo transforma, porque cada Ave María es un gesto humilde y sencillo de nuestro amor imperfecto, pero aun así a la Mater la seduce.

Al ser parte del Apostolado del Rosario de Hombres Valientes, en cada Retiro Espiritual –especialmente el último que tuvimos- me di cuenta del efecto misericordioso de Dios, con diferentes gestos en nosotros, hombres imperfectos y centrados en nuestros egoísmos. Descubrimos por medio de esa frase de Jesús en el evangelio de Juan: “Ahí tienes a tu Madre”, que es Ella la que nos indica que el centro de todo es Jesús.

Es en esos encuentros en donde aprendemos a cristificarnos, a seguir ese camino a la Vida Eterna; es ahí donde vamos descubriendo la Verdad en la simplicidad de actos y experiencias de cada hermano. Es ahí donde lloramos sin caretas ni fingimientos; es ahí donde volvemos a aprender y ansiar ser niños, en donde damos rienda suelta a las lágrimas oprimidas por el transitar diario de nuestras vidas centradas a este mundo y en nuestros deseos muy humanos.

Es ahí en donde nos sentimos más cerca de Dios, de su Madre y de la vida de los Santos, que como nosotros, fueron pecadores y por la infinita Misericordia de Dios, dieron giro y cambio radical a su vida, con el arrepentimiento sincero. Es ahí donde Jesús se hace eco diciéndonos: Ve, y de ahora en más no peques más. Es a partir de ahí que empieza la batalla con uno mismo, quedando el eco de esa frase de Jesús.

Es ahí, en Schoenstatt y en el apostolado del Rosario de Hombres Valientes, donde nos sentimos acogidos festivamente por la Mater y los hermanos, sin juzgarnos; donde nos hacen sentir el gozo de sabernos perdonados.

Es ahí donde debemos aprender, practicar y dar la mayor de las reverencias al Rey de Reyes y la Madre Celestial. Es ahí donde voy adquiriendo las herramientas y materiales para emprender la construcción del Reino del Padre.

Ruego y agradezco a cada uno de los hermanos por los abrazos cargados de bendiciones y alientos dispensados.

 

Fuente: Revista Tuparenda, marzo 2017

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