Publicado el 28. Agosto 2016 In Obras de la misericordia, Schoenstatt en salida

Cuando Jesús reparte sándwiches…

MEXICO, por Massy González •

Pocos meses después de integrarme a la Rama de Madres de Schoenstatt, un grupo de amigas me invitó a ser parte de un apostolado dirigido a familiares de los enfermos en la Clínica 25 del Seguro Social. Fue una excelente oportunidad porque llevaba tiempo buscando algo para aportar al Capital de Gracias. Fue así como comencé este hermoso servicio, de la mano de la Mater y ofreciéndole todo a Ella.

Nuestra labor consiste en llevar más de doscientos desayunos que consisten en sándwiches, galletas, fruta, agua fresca y café, a los familiares de los enfermos en ese hospital público de Alta Especialidad.  Encuentro en esta labor una gran satisfacción, ya que muchas veces cuando ayudamos en la calle a personas que piden dinero, no sabemos adonde termina esa donación; sin embargo, aquí es increíble ver cómo las personas llegan cansadas y hambrientas, muchas de ellas viajan desde muy lejos, duermen muy poco y en condiciones de gran incomodidad.  Después de comer un sencillo sándwich, tomar un poco de café sentadas ante una mesa, platicar y descansar un rato, se ven con más energía y lo agradecen con una sonrisa; y allí alcanzo a ver reflejado mi trabajo.

Mi vocación por más de dieciocho años

Hoy puedo decir que lo que empezó como un sencillo aporte al capital de gracias, sin darme cuenta se transformó en mi vocación por más de dieciocho años.

Este apostolado ha pasado por cuatro directores en el hospital; ha habido muchas dificultades en el camino, muchas veces llegué a pensar que ya era el fin de este servicio por todos los obstáculos que se nos presentaban, pero la Mater no nos ha abandonado y ha permitido seguir llevando un poco de consuelo, por medio de este sencillo refrigerio, a tantas personas que en muchas ocasiones, es la única comida que hacen en el día.

Hay que seguir…

Lo que yo quiero resaltar aquí es que muchas veces comenzamos algo y cuando ya cumplimos el objetivo lo dejamos. Dejamos la oración diaria, dejamos el apostolado, dejamos “eso” que nos haría acercarnos más a la Mater y vivir una vida más de la mano de Dios. Este apostolado me ha dado, por casi dos décadas, un aprendizaje y una satisfacción enorme, momentos de reflexión como también momentos de mucha alegría, y por eso doy gracias a la Mater por haberme presentado esa oportunidad hace tanto tiempo y por guiarme siempre de su mano.

No buscar sacrificios, sino hacer lo que más nos gusta hacer

Por último quisiera agregar unas palabras que el P. Marcel Mouras nos dijo hace ya algunos años en uno de los retiros de cuaresma: “En este tiempo todo el mundo hace grandes sacrificios, y trata de corregir defectos arraigados. Hoy les propongo que busquen qué es lo que más les gusta hacer o qué creen que hacen mejor. Ahora traten de encontrar algún propósito que se relacione con eso y les aseguro que ese propósito va a durar mucho más que aquello que les cueste trabajo hacer”.

Este año de la misericordia no quisiera relacionarlo con sacrificio y dolor, sino con gusto y alegría, y hacer que esos actos de misericordia que llevamos a cabo los prolonguemos por mucho tiempo más, convirtiéndose en nuestra forma de vivir, practicándola de manera cotidiana, haciéndola parte de nuestra vida.

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